JueMay17

La congregación vedruna ha puesto al día prácticas milenarias de acompañamiento espiritual con el potencial de revolucionar la acción pastoral.

«¿Para qué caminar solo en la vida pudiendo caminar acompañado?». Así resume la filosofía del acompañamiento espiritual una vedruna recién regresada a España tras varios años de misión en África. Vuelve en un momento clave para su congregación. Las Carmelitas de la Caridad Vedruna son grandes maestras en un arte que se enraíza con los padres y madres del monacato de Oriente y Occidente, y que hoy resurge con fuerza, como respuesta a esa pastoral cuerpo a cuerpo en la que insiste Francisco. Distintas realidades de Iglesia e instituciones académicas católicas se han fijado en ellas con la intención de aprovechar metodologías y conocimientos que encierran un enorme potencial tanto en la pastoral ordinaria, como en la atención a todo tipo de víctimas (desde la violencia de género a los abusos sexuales), pasando por el discernimiento vocacional o situaciones de exclusión como las que se plantean en la pastoral penitenciaria.

Frente a una dirección espiritual donde el sacerdote ofrece consejos y el dirigido toma buena nota (a menudo como prólogo y epílogo a la confesión sacramental), el acompañamiento se plantea en un plano horizontal, de igual a igual. «Las dos escuelas son válidas, pero las expectativas son muy diferentes en uno y otro caso», explica la religiosa y psicóloga Lola Arrieta, una de las fundadoras del Equipo Ruaj, con más de 25 años de experiencia de atención a todo tipo de personas en las más diversas situaciones. A quien llega buscando a una especie tutor que tome alguna decisión por él, se le dice cortésmente que se ha equivocado de puerta. «Tratamos de ser muy claros y honrados», dice Arrieta. Al acompañado, a través de una escucha activa, se le ayuda a poner en orden su vida y sus pensamientos; a descubrir por qué medios Dios se hace presente en su vida… Pero las conclusiones le corresponden encontrarlas única y exclusivamente a él, en diálogo de discernimiento.

El acompañamiento espiritual está dirigido a todos, pero resulta especialmente útil en determinados momentos de la vida. Es el caso de los jóvenes que se plantean una posible vocación religiosa. O a los que desean empezar a vivir su fe con más coherencia después de una experiencia de voluntariado que les ha tocado de forma especialmente intensa. Lola Arrieta ha acompañado igualmente a «adultos que sienten necesidad de reorientar y poner en orden su vida, con un cansancio vital muy fuerte, desfondados, desorientados…». Los hay que atraviesan «alguna situación que les ha provocado un dolor o un sufrimiento», hasta el punto incluso de necesitar psicoterapia.

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